Infertilidad

La infertilidad es la dificultad para lograr o mantener un embarazo. Los problemas de fertilidad se pueden presentar en mujeres y en hombres, y pueden tener muchas causas.

 

A algunas personas les resulta difícil lograr un embarazo o llevarlo a término. Generalmente te diagnostican infertilidad cuando no logras un embarazo después de 1 año o más de intentarlo, o si has tenido varios abortos espontáneos. Existen tratamientos para muchos tipos de infertilidad, después de los cuales muchas personas logran tener un embarazo y bebé saludables.

 

Millones de personas —más de 1 de cada 10 parejas— tienen problemas de fertilidad. Y no es únicamente “un problema de mujeres” o algo relacionado con la edad. Hay muchas cosas que pueden conducir a la infertilidad, y esta puede afectar a personas de cualquier sexo y edad. Cuando a una pareja le cuesta lograr un embarazo, cualquiera de los dos (o ambos) tienen las mismas probabilidades de ser la causa. Por eso, generalmente, se les hacen pruebas de infertilidad a ambos miembros cuando una pareja tiene dificultades en quedar en embarazo.

 

¿Cuáles son las causas de la infertilidad?


Existen muchas causas posibles de infertilidad. Consultar a un médico que se especialice en infertilidad puede ayudarte a detectar qué es lo que causa tus problemas de fertilidad y encontrar el mejor tratamiento para ti. A veces no es posible conocer la razón de la infertilidad; en este caso se denomina “infertilidad idiopática” o “inexplicada”. La infertilidad inexplicada puede ser muy frustrante, pero, aun así, existen opciones de tratamiento que puedes probar.

 

¿Qué puede aumentar el riesgo de infertilidad?


Hay ciertos factores de salud y estilo de vida que pueden aumentar tus posibilidades de tener problemas de fertilidad. Por ejemplo:

 

  • Ser mayor de 35 años (en el caso de las mujeres).
  • Tener mucho sobrepeso o ser demasiado delgado.
  • Quimioterapia o radioterapia.
  • Mucha exposición a toxinas ambientales, como plomo o pesticidas.
  • Consumo excesivo de alcohol o drogas.
  • Fumar tabaco.
  • No realizar las pruebas recomendadas para la detección de la clamidia y la gonorrea.
  • Antecedentes de enfermedad pélvica inflamatoria (EPI).
  • Lesiones en el escroto y los testículos.
  • Haber recibido mucho calor en los testículos (por usar prendas muy ajustadas o por nadar o bañarse en agua caliente con frecuencia y de manera reciente).
  • Tener un testículo retenido.